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Soldadura · Higiene industrial

La soldadura: peligros a la salud de los trabajadores y cómo controlarlos

Por Ing. Roy Sosa Salas, M.S.O. · Lectura de 8 minutos

Trabajadores con equipo de protección realizando soldadura en el área de fundición de una acería

La soldadura y el corte de metales son operaciones esenciales en manufactura, construcción, minería y mantenimiento industrial. También son de las tareas con más peligros simultáneos para la salud: humos metálicos, gases tóxicos, radiación, calor, ruido y esfuerzo físico. En este artículo repasamos los principales riesgos, sus efectos a corto y largo plazo y las medidas que exige la normativa para proteger a los trabajadores.

¿Qué es la soldadura y por qué genera tantos riesgos?

La soldadura une piezas metálicas mediante calor, presión o ambos, con frecuencia con un metal de aporte que funde a menor temperatura que las piezas. El corte térmico, por su parte, calienta el metal con una llama o un arco y lo separa con un chorro de oxígeno o gas.

Existen más de 80 procesos de soldadura y afines. Entre los más comunes están la soldadura por arco con electrodo revestido (SMAW), con alambre y gas de protección (MIG/MAG), con electrodo de tungsteno y gas inerte (TIG) y el corte por plasma. Cada proceso, material y entorno genera una combinación distinta de peligros, por eso la evaluación debe hacerse tarea por tarea.

Humos y gases de soldadura

Los humos de soldadura son partículas muy finas que se forman cuando el metal se vaporiza con el calor y luego se condensa al enfriarse. Por su tamaño, penetran profundamente en los pulmones. Pueden contener manganeso, cromo hexavalente, níquel, cadmio, plomo, zinc, cobre, berilio y otros metales, además de gases como ozono, óxidos de nitrógeno y monóxido de carbono.

Su composición depende de:

  • El metal base y el material de aporte.
  • Los recubrimientos del metal (pinturas, galvanizado, aceites) y del electrodo.
  • Los gases de protección.
  • Las reacciones químicas provocadas por la radiación ultravioleta del arco y el calor.
  • Los contaminantes presentes en el ambiente, como vapores de limpiadores y desengrasantes.

Efectos a corto plazo

  • Fiebre de humos metálicos: asociada sobre todo al zinc (por ejemplo, al soldar acero galvanizado), cobre y magnesio. Aparece entre 4 y 12 horas después de la exposición, con escalofríos, fiebre, sed, dolor muscular, tos, fatiga, náuseas y sabor metálico.
  • Irritación respiratoria y ocular: tos, sibilancias, falta de aire y, en exposiciones altas, edema pulmonar o neumonitis.
  • Gases tóxicos: el ozono y los óxidos de nitrógeno que forma el arco son irritantes y pueden ser mortales en concentraciones altas.
  • Fosgeno: la radiación ultravioleta del arco descompone solventes clorados (tricloroetileno, percloroetileno, cloruro de metileno) y forma fosgeno, un gas muy tóxico cuyos síntomas pueden tardar horas en aparecer. Nunca se debe soldar con arco cerca de operaciones de desengrase con estos solventes.
  • Cadmio: sus humos pueden causar daño pulmonar grave incluso en exposiciones cortas.

Efectos a largo plazo

En 2017, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasificó los humos de soldadura como cancerígenos para los seres humanos (Grupo 1), por su asociación con el cáncer de pulmón. En la misma evaluación incluyó en ese grupo la radiación ultravioleta de la soldadura, por su relación con el melanoma ocular. Algunos componentes, como el cromo hexavalente, el níquel, el cadmio y el berilio, son cancerígenos por sí mismos.

Otros efectos crónicos asociados son:

  • Respiratorios: bronquitis crónica, asma, disminución de la función pulmonar y neumoconiosis, como la siderosis por óxidos de hierro.
  • Neurológicos: la exposición prolongada al manganeso puede causar daños al sistema nervioso con síntomas parecidos al Parkinson.
  • Renales: asociados a metales pesados como el cromo, el níquel y el cadmio.
  • Asbesto: soldar o cortar sobre superficies o aislamientos que lo contienen expone a asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma.

Otros peligros para la salud

Radiación óptica

La luz intensa del arco puede dañar la retina; la radiación infrarroja se asocia con lesiones en la córnea y cataratas; y la ultravioleta causa el llamado ojo de arco o queratitis, incluso tras exposiciones de segundos. Sus síntomas aparecen horas después: sensación de arena en los ojos, dolor intenso, lagrimeo y visión borrosa. La radiación también se refleja en superficies cercanas y afecta a compañeros que no están soldando, además de causar quemaduras en la piel.

Calor y quemaduras

Las chispas, la escoria y el metal caliente causan quemaduras y lesiones oculares, y el ambiente caluroso puede provocar estrés térmico. Pausas, hidratación y ventilación adecuada reducen este riesgo.

Ruido

Procesos como el corte por plasma, el esmerilado y el arco-aire pueden superar los niveles seguros de ruido y causar pérdida auditiva permanente.

Trastornos musculoesqueléticos

Las posturas forzadas, especialmente al soldar por encima de la cabeza, la vibración y la manipulación de cargas se asocian con dolor de espalda, hombros y rodillas, tendinitis y síndrome del túnel carpiano. Ayudan a prevenirlos las técnicas correctas de levantamiento, la alternancia de posturas, una altura de trabajo cómoda y superficies antifatiga.

Cómo reducir los riesgos: la jerarquía de controles

Antes de iniciar cualquier trabajo de soldadura se deben identificar sus peligros específicos: proceso, metal base, recubrimientos, consumibles y entorno (interior, exterior o espacio confinado). La normativa de referencia es OSHA 29 CFR 1910, Subparte Q (soldadura, corte y soldadura fuerte) y la norma ANSI Z49.1, que abarcan las operaciones en general, los espacios confinados, el manejo de gases comprimidos, la seguridad eléctrica, la prevención de incendios, la ventilación, el equipo de protección y la capacitación.

1. Sustitución

  • Usar consumibles y procesos que generen menos humo, por ejemplo aleaciones de aporte libres de cadmio.
  • Retirar pinturas, galvanizado y recubrimientos de la zona antes de soldar.

2. Controles de ingeniería

  • Extracción localizada lo más cerca posible del arco: es de los métodos más eficaces, muy superior a la ventilación general con abanicos. Las pistolas de soldadura con extracción integrada capturan buena parte del humo en su origen.
  • Ductos y campanas de materiales resistentes al fuego.
  • Mamparas o cortinas de protección y superficies con acabado mate para evitar reflejos de radiación.
  • Mesas de agua en el corte por plasma, que reducen humo y ruido.

3. Prácticas de trabajo seguras

  • Colocar la cabeza del soldador fuera de la columna de humo.
  • Usar el amperaje mínimo adecuado y mantener el electrodo cerca de la pieza.
  • Retirar materiales inflamables y combustibles del área y aplicar permisos de trabajo en caliente.
  • Mantener los equipos en buen estado: mangueras, cables, reguladores y electrodos.
  • Asegurar los cilindros de gas comprimido en posición vertical, lejos de fuentes de calor y con el capuchón colocado cuando no estén en uso.

4. Equipo de protección personal

El equipo de protección personal complementa, pero nunca sustituye, los controles anteriores:

  • Protección ocular y facial: careta de soldar con el número de sombra adecuado al proceso y la corriente, y gafas de seguridad debajo.
  • Protección respiratoria: seleccionada según el contaminante y su concentración, dentro de un programa conforme a OSHA 1910.134, con evaluación médica, prueba de ajuste y capacitación. Para espacios confinados o atmósferas inmediatamente peligrosas se requieren equipos con suministro de aire. NIOSH recomienda protección respiratoria siempre que haya un cancerígeno presente en cualquier concentración detectable.
  • Ropa de protección: prendas retardantes de llama, guantes de soldador con puño, delantal o mangas de cuero y calzado de seguridad.
  • Protección auditiva: tapones u orejeras cuando el nivel de ruido lo requiera.

Vigilancia médica

Por la variedad y gravedad de los efectos, se recomienda que los trabajadores expuestos tengan una evaluación médica periódica que incluya función pulmonar, piel, ojos, sistema cardiovascular y audición, además de las pruebas específicas según los metales a los que estén expuestos.

Conclusión

Los riesgos de la soldadura son conocidos y, en su gran mayoría, controlables. La clave está en evaluarlos correctamente en cada tarea, priorizar la eliminación y los controles de ingeniería, y complementar con un equipo de protección bien seleccionado, ajustado y usado por personal capacitado.

Ing. Roy Sosa Salas

Sobre el autor

Ing. Roy Sosa Salas, M.S.O.

Director General de SATUS Consultores. Máster en Seguridad e Higiene Ocupacional e instructor autorizado de la University of Texas at Arlington (ATP 191), con más de 25 años de experiencia en seguridad industrial.

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